miércoles, enero 24, 2007

Todos conocéis Villabote

Todos conocéis Villabote quizá con otro nombre. Siempre luce el sol y sólo tiene una esquina. Si la tuerces sales de ella; por el otro sentido es infinita.

Los paisanos que allí viven son conocidos por el gentilicio de embotados según me contase uno de los personajes atípicos capaces de entrar y salir del lugar a su libre albedrío. Digo atípicos, pues nadie osaría dejar Villabote de motu propio a no ser por los desaforados amores y desamores que allá se acaban viviendo. Esto es causado porque el tiempo en aquel lugar despista y tristemente se acaba doblando la esquina que nunca se debe doblar.
El que yo conozco tiene el dni oooooooooo1 y visita la región siempre que la vida ordinaria no le importa como a todo embotado que se precie. En realidad siempre me pregunto si marcha a Villabote porque nada le importa, o si por el contrario, hallándose fortuitamente en aquel paraje, todo deja de importar. Pero en fin repito, estos seres son atípicos.

Villabote no es la Ínsula Barataria, Villabote es real, es el lugar al que quedamos relegados cuando conoces a alguien que te devora el alma (y perdón por el dramatismo pero es tal cuál), es el lugar donde la racionalidad se corrompe, dónde la risa nace, donde la realidad se dobla y los imposibles pierden su primera sílaba; donde te quedas con cara de bobo mirando la extraordinaria belleza de una alcayata. Villabote es la región misteriosa donde viven los seres de carne y hueso creados por nuestra imaginación. Es un mejunje de desvaríos, besos, parabienes y humo. Son los comienzos, es el principio, el amor consentido no desgastado por la realidad.

Yo hoy les escribo desde Villabote (desde qué otro lugar se podría reconocer que se está allí), quizá a punto de doblar su esquina. No les extrañe que lo diga de un modo consciente, también yo soy atípica, he descubierto el secreto de Villabote... no es otro que su esquina; todo se mitiga cuando te alejas de ella. Hacia un costado desaparece la persona, hacia el otro queda pero desgastada y descolorida. Sin embargo no he mirado hacia arriba. Quizá Villabote finalmente posea una tercera dimensión.

martes, enero 09, 2007

Quién te va a querer a ti

Quién te va a querer a ti. Bummmmm¡¡¡ Sentencia directa al hipotálamo, tatuada en el cerebro de por vida, dispuesta a retumbar burlona ante la mínima debilidad de la psique de ella. Quién te va a querer a ti en cada fugaz desamor, quién te va a querer a ti para cada una de sus momentáneas decepciones, quién te va a querer a ti frente a todo tipo con que yacía en su cama; constantes caras distintas que no conseguía olvidar porque la constituían. Se recomponía deprisa sin embargo, además este año había tomado la decisión de ser feliz.

Decían que era guapa, que gozaba de un bendito atractivo animal, que brillaba o como dice la canción que su piel tenía veneno... pero quién la iba a querer a ella si se lo dijo él.

Anoche una amiga enchufaba en el coche lo que llamó el himno de sus doce. Escuchó atenta pero sólo comprendió el estribillo, una pequeña oración que rezaba: Loving you is a dirty job, but someone had to do it.
Yo la vi sonreír.

Archipiélago de los Roques. Venezuela

martes, enero 02, 2007

Todo lo corrompe el miedo

Todo lo corrompe el miedo. Nuestros errores, nuestras traiciones, nuestro victimismo, son su producto. Los dolores de muelas que provocamos y los que soportamos. La ansiedad y los lloros. La vanidad. Todo ello es el resultado de nuestro miedo.
Te atrapa el miedo, y duele. Entonces respira tres veces, mírate las manos, sonríe por todo lo bueno que te ha pasado. Y tómalo con más tranquilidad. Hazlo de nuevo. Respira, mira y sonríe. Respira, mira y sonríe. Y tómalo con más tranquilidad.
He vivido atenazada por el miedo y a poco muero asfixiada. Salí a respirar, me alivié, absorbí el perfume de la felicidad y acto seguido, inmediatamente, se materializó mi temor. El dolor, cierto, en ocasiones es prácticamente insoportable, pero escuchen, si no respiras, te mueres. De veras.
Confiemos en la suerte, en la fe o en el destino. Confiemos en la risa, y en la bondad de los desconocidos y en las nocheviejas con amigos de otros. Confiemos en que detrás de un pie va el otro y después el primero.
Todo es inevitable, por qué tenerle miedo entonces.
Feliz este año y todos los que vengan detrás.

A mi Teresota

domingo, julio 02, 2006

Lágrimas de cocodrilo

Esta mañana había despertado sabiendo dónde estaba. El siguiente pensamiento, inmediato, fue la cara de aquella chica. El siguiente, su enfermedad.
Ella sonreía ajena al drama, la puerta del coche se cerró; su joven cara quedó atrás sujeta a una vida abandonada.
La primera pregunta hubiera sido qué desayunaba, y nunca la habría recogido en la puerta de casa. Hubiera planteado miles de conflictos inútiles, y cuando mantuviese el silencio, inmersa en su cerebro, no hubiera molestado. Atento a cada respiración, dejaría que respirase, procurando mantenerse a su lado sin ser visto más que cuando ella mirara. No le habría regalado flores, ni anillos, ni promesas. Quizá alguna piedra recogida del lecho de una acera alquitranada y ardiente. La habría follado llamándola diosa, le habría mimado la piel.
Este maldito condicional que me ata a esta maldita cama, fue el siguiente pensamiento.
Saldría de allí, conseguiría curarse por aquella cara, investigaría sus costumbres y forzaría encuentros casuales. Y nunca le propondría matrimonio.
La puerta de la habitación se abrió bajo la presión de una hermosa enfermera. Inmediatamente, el rostro de aquella chica se esfumó.
Buenos días Martín, ¿el cocodrilo sigue rugiendo por las noches?
No Clara, ahora se limita a secar sus lágrimas.

necesitamos de color y risa

jueves, junio 08, 2006

Noche tras Noche

Tomaremos un vino rojo. Denso, sublime, y de sabor tácito, sólo descubierto por aquellos hiperbóreos paladares que lo saben conocido. Nos calla el silencio y la penumbra de una habitación sin luz, el final de una hermosa historia que cómo el alma extinta y turbada no estará viva hasta que esté muerta. Parece existir una leve tela blanquecina que dibuja una música sorda a tu lado, parece que tu pensamiento, más bien ese tenderte hacia el recuerdo buscando la asociación pronta de ideas, la mece candorosa y tétrica.
La escena es tan real que yo comienzo a sentir frío. Un frío insensato que se aturde mezclándose con el calor que naciendo de tu alma quema mi cuerpo. No es un sueño, existes, como en las novelas baratas, desde antes de conocerte.
Una gravedad antigua surge espontánea en el rostro de la mujer. El aire gira y la tela blanquecina lame sus piernas desnudas. Toma la copa y la bebe hasta sentir como la última gota describe entre sus pechos un sensual zigzag de vicio. “Lameré tu cuerpo hasta desdibujarlo”. La cabeza del hombre se inclina; el cuello de la mujer permanece erguido escudándose en la paz de la noche.
El frío baja los grados. Un frío viejo y cansado, un frío solemne y justificado por la lucha entre pares conocidos que se libra en esa habitación. Si les fuese un ápice de vida en ello ambos huirían de la pírrica victoria. Pero no huirán, hace mucho tiempo que se asesinaron.
El tiempo pasa lentamente cuando la vida ocurre. Mirar atrás y no ver nada es que nada existió, que todo transcurrió para nada en un tiempo desaparecido. Los años son baldíos si están huecos. Han de ser llenados. ¿Pero qué ocurre si estás muerto? La noche, esta noche, su última noche, no será recordada ni olvidada, será vivida una y otra vez, noche tras noche.

Noche tras noche.

miércoles, mayo 10, 2006

los escarabajos del df

martes, mayo 09, 2006

“Siempre me gustó barrer el agua; y siempre creí que las ortigas eran insectos hasta que un día me picó una hoja.
Misericordiosa inocencia.
Hoy, íntimamente avergonzada, le sonrío a ese pasado de medio metro. Apoyada en una fregona bailando al compás del agua rota. Volando, saltando con pies despiertos hacia donde estaba convencida de llegar, y llegaba. Encantada de doblar recodos en el laberíntico jardín de aquella imaginación poderosa. Sencillo ser feliz bailando y barriendo agua.
Volteaba un cepillo con la mano libre y la fiesta acrecentaba el ritmo, adquiría voluptuosidad. Con los ojos incendiados, nos disponemos a interpretar la imposible comedia de los niños que para un crío no es más que su búsqueda, la búsqueda de la realidad imposible guiada por la ilusión pura. Dios mío, ¿cuánto tiempo hace de aquello? ¿Dónde estará esa niña?
Callo, y el silencio observa el ahora. Mezclo en la paleta colores de aceite, y mis manos oscilan dibujando aquella inocencia sin mácula. Quiero imprimir en este lienzo un origen desaparecido para que de nuevo cobre la vida que le debo. Ahora necesito que todos los imposibles pierdan su primera sílaba, como cuando era ella.
Siempre me gustó barrer el agua hasta que me picó una hoja y mi siempre dejó de serlo.
Entonces callé.”


Así comienza la única novela que he escrito. Parece prometer pero aburre someramente en la segunda página. Nada o casi nada modifica las siguientes; entonces la cierras y te limitas a vivir de su principio. ¿Acaso no es igual que las propias circunstancia de la vida? Que prometen, prometen hasta que... y luego a vivir de lo bonito que habría sido. No. No. Les contaré mi secreto.
Éste no es el comienzo de mi novela. Lo he modificado tantas veces que pocas palabras quedan. Si continuase con ella, para ustedes quizá fuese otro coñazo con otras palabras, pero a mi no me defraudaría. Tan sólo hay que seguir para no ser defraudado en lo que uno desea; aunque yo jamás llegue a esa brillante escritora que puedo no ser, mi deseo, su porqué, encierra ya la clave de la felicidad. También yo me canso, pero para eso están las cañas, el Confidencial y los balnearios.