Todos conocéis Villabote
Los paisanos que allí viven son conocidos por el gentilicio de embotados según me contase uno de los personajes atípicos capaces de entrar y salir del lugar a su libre albedrío. Digo atípicos, pues nadie osaría dejar Villabote de motu propio a no ser por los desaforados amores y desamores que allá se acaban viviendo. Esto es causado porque el tiempo en aquel lugar despista y tristemente se acaba doblando la esquina que nunca se debe doblar.
El que yo conozco tiene el dni oooooooooo1 y visita la región siempre que la vida ordinaria no le importa como a todo embotado que se precie. En realidad siempre me pregunto si marcha a Villabote porque nada le importa, o si por el contrario, hallándose fortuitamente en aquel paraje, todo deja de importar. Pero en fin repito, estos seres son atípicos.
Villabote no es la Ínsula Barataria, Villabote es real, es el lugar al que quedamos relegados cuando conoces a alguien que te devora el alma (y perdón por el dramatismo pero es tal cuál), es el lugar donde la racionalidad se corrompe, dónde la risa nace, donde la realidad se dobla y los imposibles pierden su primera sílaba; donde te quedas con cara de bobo mirando la extraordinaria belleza de una alcayata. Villabote es la región misteriosa donde viven los seres de carne y hueso creados por nuestra imaginación. Es un mejunje de desvaríos, besos, parabienes y humo. Son los comienzos, es el principio, el amor consentido no desgastado por la realidad.
Yo hoy les escribo desde Villabote (desde qué otro lugar se podría reconocer que se está allí), quizá a punto de doblar su esquina. No les extrañe que lo diga de un modo consciente, también yo soy atípica, he descubierto el secreto de Villabote... no es otro que su esquina; todo se mitiga cuando te alejas de ella. Hacia un costado desaparece la persona, hacia el otro queda pero desgastada y descolorida. Sin embargo no he mirado hacia arriba. Quizá Villabote finalmente posea una tercera dimensión.



